Star Trek Into Darkness

Escrito por Rubén Franco, el 5 septiembre 2016 | Publicado en Análisis

En 2009, J.J. Abrams reinventó la franquicia de Star Trek, con unas piruetas técnicas de guión francamente interesantes; el reboot tuvo un gran éxito de público y crítico, convirtiéndose en una película artesana de excelente ejecución técnica, con grandes dosis de acción y aventura, y una nueva (y rejuvenecida) tripulación del Enterprise Clásico que cumplía sobradamente el expediente (aunque jamás como la clásica, para que mentirnos), y donde destacaban el macarra del capitán Kirk (Chris Pine), Spock (un Zachary Quinto recién salido del éxito de Heroes con su papel de Sylar) y McCoy (un irónico y genial Karl Urban, reciente Juez Dredd el año pasado, película a reivindicar desde ya).

Star Trek Into Darkness (2013)
Compositor: Michael Giacchino
Año: 2013
Lo mejor: La madurez compositiva de Michael Giacchino
Lo peor: En mi opinión, se ha perdido frescura y da la sensación, a ratos, de piloto automático NUESTRA NOTA

Tamaña fusión de estilos rejuveneció y cambió la orientación de la franquicia, que casi parecía como si a Star Trek le hubieran añadido algunas gotas de Star Wars (para que negar que hubo trekkies que se quejaron…), y la secuela se hizo esperar, pero Abrams volvió al patrón inicial de confección de la primera; secretismo absoluto para garantizar que nadie supiera nada de la película, algo que siempre se traduce en expectación (que luego puede, o no, acabar defraudando).

Y, mientras en pantalla estamos disfrutando de la tercera entrega, Star Trek Beyond, en 2013 llegó Star Trek Into Darkness.

Star Trek Into Darkness – La Película

El secretismo que reinaba alrededor de la película no evitó filtrar (con o sin autorización) la figura del Khan como posible villano, algo que ya se barajó en la confección del guión de la nueva secuela de Abrams (recordemos que ya la segunda entrega cinematográfica de Star Trek clásica versaba sobre la famosa Ira del Khan, que a su vez tiraba de hemeroteca de la serie clásica, del capítulo Semilla Espacial, donde Ricardo Montalbán, en ambos casos, hacía las veces del todopoderoso Khan).

No era algo que fuera determinante a la hora de la calidad del producto final, pero sí que añadía interés a los que conocemos y disfrutamos con el fenómeno Star Trek (me encanta, pero mi amor no llegar a la altura del Trekkie). Khan es un villano genial, y la posibilidad de que se retomase siempre era un aliciente, y máxime cuando se supo de la presencia del genial Benedict Cumberbatch en el reparto, que (cuidado SPOILERS) inicialmente interpreta a John Harrison, peligrosos terrorista, que finalmente desvelará su verdadera personalidad, Khan, y sus verdaderos intereses.

Benedict se ha ganado una fama, a pulso, por su genial aportación televisiva como uno de los mejores Sherlock Holmes de la historia en la serie de la BBC Sherlock (actualmente en su tercera temporada), con una interpretación de suficiencia, arrogancia y superioridad que provocan adoración y diversión en el aficionado (y no nos olvidemos de su compañero de fatigas, Watson, interpretado por el genial Martin Freeman, de actualidad por The Hobbit, donde Benedict pone su voz al Nygromante).

De hecho, desde Sherlock, Benedict parece abonado a todos los saraos, como War Horse, Tinker Tailor Soldier Spy y The Fifth Estate, y parece apuntar a la nueva saga de Star Wars que tiene a Abrams como principal valedor, quien salta de Star Trek a Star Wars como quien se cambia de ropa interior).

Dicho esto, ¿con que nos encontramos? Con una película de impecable factura técnica, explosiva y francamente entretenida (mucho más que la primera entrega) aunque, en calidad, por debajo de la primera (tampoco alarmantemente, sino que es más redonda la anterior).

En ésta nueva entrega, tras un prólogo que ya parece la introducción de cualquier título de Indiana Jones de Steven Spielberg (donde el Capitán Kirk, todavía un macarra en toda regla, se pasa el Reglamento de la Flota Espacial por donde nunca asoma el sol, siendo castigado y relevado por su superior, el almirante Christopher Pike, interpretado por el siempre efectivo Bruce Greenwood), nos encontramos con un atentado en Londres (algo tristemente de moda en estos tiempos), un atentado vinculado a la presencia de un extraño hombre (John Harrison).

Todo ello pone en jaque a la flota espacial, quien reúne de emergencia a toda la cúpula de capitanes y primeros oficiales en la Comandancia de la Flota, liderados por el almirante Alexander Marcus (un maravilloso Peter Weller, lástima que no lo aprovechen más), para enfrentarse al problema que se avecina y tomar decisiones, pero se encontrarán con una trampa mortal, de nuevo orquestada y ejecutada por John Harrison a bordo de una nave espacial que abre fuego contra los oficiales, matando a varios miembros, entre ellos Pike.

Rabioso de venganza, Kirk solicita el mando de la U.S.S. Enterprise a Marcus para vengar a Pike, quien accede, dotando a la nave de 72 prototipos de torpedos de fotones de largo alcance para arrasar el sector espacial donde se encuentra Harrison, el planeta Kronos, que pertenece al sector de los Klingon.

Pero todo será más complejo de lo que Kirk preveía; su simple misión de venganza cambiará de registro cuando conozca la verdadera naturaleza de John Harrison (el Khan), la verdad que se oculta tras los 72 prototipos de torpedos de fotones de largo alcance y las siniestras y ocultas intenciones de Alexander Marcus, un cóctel que nos regalará un tramo final de acción formidable, técnicamente impecable, y con algunas escenas espectaculares, como el impacto de una nave espacial en pleno San Francisco.

Sin nada nuevo bajo el sol, la principal baza de la película recae sobre Benedict Cumberbatch, quien está francamente genial, consiguiendo que olvides al genial Eric Bana de la primera entrega, y rivalizando con el Khan de la película de 1982 de Nicholas Meyer (menos divertido, pero siendo sinceros, acojona más el Khan de Abrams). Benedict se come la película cada vez que aparece.

Por otro lado, los secundarios también suman y mucho; Peter Weller siempre es un lujo, y una pena que no lo aprovechen en más películas, con su papel de almirante sin escrúpulos, o el genial Bruce Greenwood, un tío que siempre cumple. Y sin mencionar el pequeño cameo del mítico Spock, Leonard Nimoy.

En cuanto a la tripulación, todos ellos cumplen sobradamente, y demuestran lo que ya vimos en la primera entrega; que el traje no solo les queda bien, sino que aguanta el paso de los años. Hay química entre los actores, se nota el buen rollo e interaccionan francamente bien, dando esa sensación familiar de grupo humano que se daba en la serie clásica (salvando las distancias).

Quizás estén un poquito desaprovechado McCoy, pero todos están geniales (quizás excesivo el empane mental que le meten al pobre Chekov, aunque compensado por el descacharrante Scotty de Simon Pegg, impagable), especialmente la química entre Kirk y Spock, dos personajes que demuestran progresión y madurez (el primero acabará asumiendo sus responsabilidades y errores, lo que de la un grado de madurez, y el segundo terminará de comprender las motivaciones humanas de Kirk y los lazos de amistad que le unen a él, algo que los vulcanos rara vez entienden, especialmente con la tragedia previa al clímax final).

Un producto, en definitiva, que no ofrece nada nuevo, pero que es un entretenimiento de primer nivel, bien empaquetado, con guión, tramas, personajes, grandes escenas y efectos especiales, y donde se atisba el oficio de Abrams por rodar un cine de calidad blockbuster como los de antes (y no como la gran parte de morralla que nos llega a las pantallas…), y donde Michael Giacchino, de quien hablaremos luego, cumple sobradamente.

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