Nocturnal Animals

Escrito por Dani Fernández, el 24 diciembre 2016 | Publicado en Análisis

Embebido en su propia estética de calculada puesta en escena, exquisito manierismo y mundos confundidos de personajes que divagan entre lo que realmente son y aquellos a lo que aspiran o les gustaría ser el diseñador Tom Ford (Un hombre soltero) vuelve a la palestra cinematográfica con una película que se alimenta de los mejores resortes del cine negro y una fotografía deliberadamente envejecida que nos recuerda a aquellos clásicos de los 70 a los que pretende acercarse para contarnos esta historia de obsesiones, muerte, crimen y redención.


Compositor: Abel Korzeniowski
Año: 2016
Lo mejor: El sentido fatalista que desprende toda la partitura.
Lo peor: La corta duración del disco deja saber a poco.NUESTRA NOTA

Aún siendo su planteamiento prístino y diáfano, perfectamente definido y sutilmente narrado la película encierra más recovecos de los que aparentemente muestra y sólo será la finalización de su visionado y una posterior reflexión lo que realmente nos invite a entender, o al menos a darnos cuenta, lo que realmente ha pretendido mostrarnos el director americano. Por esta misma razón veréis que omitiré los máximos detalles posibles  tanto del argumento como de una banda sonora que hablará siempre en primera persona.

La película arranca con unos explosivos títulos de crédito que no dejarán indiferente a nadie y que ya de por sí solos hablan de esa obsesión del director por la estética, la deformidad (no precisamente en sentido literal aunque así lo plasme) y las apariencias. Susan Morrow (Amy Adams) es una mujer felizmente casada que lo tiene todo y expositora de  arte. Repentinamente recibirá una nóvela de su ex marido llamada Animales Nocturnos, curiosamente la misma terminología con la que aquel definíala. Movida por la curiosidad y la ausencia de su marido (Armie Hammer) en ese momento por viaje de negocios Susan se sumergirá de lleno en el mundo que describe la novela asistiendo a la feroz historia de un hombre (Jake Gyllenghal) que es agredido junto a su familia mientras viaja de noche por una carretera semi abandonada.

Uno los aspectos a destacar en la película de Ford es su poco arriesgada y sobria puesta en escena que sin embargo compensa con una narración tremendamente estilizada y un acercamiento en cámara casi obsesivo a sus personaje principales. La película así resulta hipnótica y sugerente, invitando al espectador a sumergirse en un universo en la que nada es lo que parece  y en el que el mismo crimen puede ser comparado a un acto amatorio.

LA BANDA SONORA


Lo más importante a destacar de la banda sonora de Abel Korzeniowski, que repite esta vez en solitario con Tom Ford, es que convierte a su protagonista en eso, en única protagonista del relato aún siendo otros personajes como Tony Hastings, el padre de familia que ve su vida de repente truncada también importantes.

Aquí cabe destacar un aspecto sumamente importante y es que asistimos a una película en la que se distinguen dos partes. Por un lado tenemos la historia a tiempo presente de Susan, que acontece en su devenir diario y mientras lee la novela y por otro la acontecida en la propia novela, que el director nos la lleva a imágenes. La música adquiere en su conjunto aires fatalistas (muy cercano a lo que podría ser una película de cine negro) y melancólicos de forma que se convierte en fiel transcriptor de la desgraciada historia que lee Susan pero a su vez está revelando algo más profundo y doloroso. La historia de la novela se convierte así en la historia de Susan, de su desesperación y de su tristeza.

Ya queda declarado en sus magníficos títulos de crédito en el que el tema principal luce en toda su extensión Wayward Sisters o en Restless, óbice del estado en el que se sumerge Susan una vez que se marcha su marido y se queda sola. Pero este estado podría extenderse perfectamente al del protagonista de la novela al que, sabiamente, Korzeniowski no pone música para no confundir al espectador. Se trata de un tema de aires netamente clásicos, de raíz fatalista y exonerado por el propio affair dramático de la película.

Los estados anímicos también se extienden a los temas más convencionales como Exhibition en el que la protagonista se encuentra sumamente tensa tras su exposición o, sobre todo, en el otro tema que pasará a convertirse en fundamental en el tramo intermedio de la película.  Es el tema de mayor desgarro y por ende de mayor verdad de la banda sonora y lo escuchamos en The Field o ya de su forma más catatónica y desesperanzada en Table for Two. The Field marcará un punto de inflexión fundamental dentro de la película ya que será el momento en que Susan conecte realmente con el dolor del protagonista de la novela y haga la historia suya. Ésto nos ayudará a entender algo que comentaremos a continuación.

Ambos motivos pueden parecer distintos pero coexisten dentro del mismo vórtice: mientras el primero podría parecer más asociado a la protagonista y constatar un estado aunque doloroso más superficial el segundo parecería ir más asociado a la novela y traduciría un estado de verdadera apatía existencial que el que se instala el personaje de Gyllenghal una vez que acontecen los fatídicos hechos. Realmente lo que hace Korzienowski en este tema es invertir el tema de Susan de forma que se convierte en una derivación, más honda y dolorosa si cabe de aquel. Aquí queda revelada la verdadera intención del compositor que no es otra que convertir a la protagonista en víctima de su propia existencia y de sus propias decisiones tal como lo escuchamos en el magistral corte que cierra la película Table for Two.

Y es el que el compositor esconde sus cartas muy inteligentemente: el carácter de la música  parece más asociado a un mundo como el que exhibe la novela que al de una mujer supuestamente exitosa.  Entonces ¿qué sentido tiene que una mujer de una vida aparentemente monótona y con cierto hastío se la pueda asignar una música de corte tan dramático y fatalista?  La respuesta la tenemos en ese doble juego que marca Korzeniowski, fiel álter ego de Tom Ford, en camuflar las propias frustraciones a través de la ficción. Es, en un sentido más genérico, lo que podría entenderse como la catarsis que experimenta una persona al verse de lleno metido en una historia que no es la suya.

Distinguimos por lo tanto dos partes dentro de la composición: la puramente emocional que ya hemos comentado y la ambiental. Esta segunda actúa de forma más incidental en temas como Off the Road, Revenge o Crossroads y le de esa impronta fatídica que también pide la película aunque no creo que sea digna de resaltar.

A destacar también la habilidad del compositor en no interrumpir el devenir narrativo de la película, tal como pasó en otros trabajos suyos (Romeo & Juliet).  La narración, en este caso, no necesita de complementos que aclaren lo acontecido limitándose la labor del polaco a poner voz a la protagonista desde dentro e introducirnos en un tipo de historia oscura y desgarrada, siempre con ese deje tremendista suyo pero también apasionado.

Es así un trabajo de inmaculada elegancia, de delicioso aroma a noir clásico y de inteligencia en lo narrativo y en lo contextual.

Nocturnal Animals

01. Wayward Sisters (2:55)
02. Exhibition (1:12)
03. Restless (1:21)
04. A Solitary Woman (2:34)
05. Off the Road (4:26)
06. Revenge (3:15)
07. The Field (2:50)
08. Crossroads (2:55)
09. Mothers (2:30)
10. City Lights (1:14)
11. Table for Two (3:23)
12. The Field (Alt. Version) (2:47)
BONUS TRACK:
13. Fairy Tale (2:14)

Duración total: 33:36 minutos
Compositor: Abel Korzeniowski
Sello: Silva Screen
Formato: CD, LP, Descarga Digital
Fecha de publicación: 18 de Noviembre 2016
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