La La Land

Escrito por Fernando Ayuso, el 27 febrero 2017 | Publicado en Análisis

Sobre la Película…


Compositor: Justin Hurwitz, Letra de Benj Pasek y Justin Paul
Año: 2016
Lo mejor:Todo, un clásico instantáneo
Lo peor: NadaNUESTRA NOTA

La historia de La La Land nos sitúa en la ciudad de Los Ángeles de ahora (de ahí el título de La La Land, abreviatura con la que se conoce a la ciudad de las estrellas), una ciudad en la que jóvenes errantes caminan en busca de sus sueños y de hacer un hueco en el complicado mundo del espectáculo. Él teclista de jazz, ella actriz. Las vidas de estos dos jóvenes “soñadores” (Emma Stone y Ryan Gosling) confluirá una calurosa tarde de verano y desde ese momento sus caminos quedarán indisolublemente ligados (para lo bueno y para lo malo). Juntos compartirán sus ambiciones, también sus frustraciones y tendrán en el hombro del otro un lugar en el que llorar ante las continuas abatidas de su destino profesional. Descubrirán el amor y que, a veces, la vida es un camino de doble dirección en el que tomar una ruta significa renunciar a otras aspiraciones tan grandes y tan hermosas (más incluso) como las que en un principio se habían trazado.

Durante las últimas décadas ha habido muy pocas películas que podamos incluir dentro de la lista de grandes éxitos tanto desde un punto de vista musical como cinematográfico. Tendríamos que remontarnos a Moulin Rouge en el año 2001, musical que marcó a varias generaciones de cinéfilos y no tan cinéfilos, para recordar algo que tuviese tal grado de calado en la población ya que la oscarizada Chicago (Rob Marshal, 2002) fue acogida de forma algo tibia tanto por crítica como por público. Hablamos pues no sólo de un gran musical (el gran musical de la era postmoderna) sino en todo un fenómeno de masas que hoy, mes y medio después de su estreno, sigue arrastrándonos a legiones de curiosos a las salas de cine y convirtiendo su visionado en todo un acontecimiento y carne de conversaciones.

A este nivel de éxito podríamos pensar incluso en Titanic en 1997 como claro ejemplo de película de amplia repercusión mediática, donde tanto película como banda sonora alcanzaron cotas de popularidad inigualables. Hoy, 20 años después de esta última, y también con ni más ni menos que 14 nominaciones a los Oscars, La La Land nos regala un nuevo fenómeno sobre el que debatir, un nuevo espectáculo que ya está dejando su marca en la gente más joven y una banda sonora cuyas canciones no dejan de ser tarareadas y retransmitidas en los distintos diales.

Damien Chazelle, director de la película, escribió el guión de la película mientras estudiaba en la Universidad de Harvard con el compositor de la película Justin Hurtwitz(y del que se hizo íntimo amigo) terminándolo en 2010. En esta época Chazelle apenas era conocido (sólo había realizado la película Guy and Madeline on a Park Bench en 2009) y ningún estudió estaba dispuesto a financiar una película de corte tan vintage y que resucitase un género ya “muerto” como el musical, de reminiscencias  puramente clásicas además. Sería el éxito de su anterior película en 2014 Whiplash la que le abriese las puertas para que productores y demás gente del cine quisiesen contar con él para llevar a cabo esta disparatada historia de alocados números musicales y que tenía como enfoque principal el de un género también denostado hoy en día como el jazz (otro hándicap en el Hollywood de los superhéroes y de los grandes efectos especiales). Así nació La La Land, en una cafetería como dice él, con los productores Fred Berger y Jordan Horowitz como testigos y fundamentando su estilo ni más ni menos que en un amor incondicional al cine de antes.

Y aunque las reminiscencias a los grandes clásicos del género está siempre presentes Chazelle en todo momento quiso hacer algo moderno que confrontase en su intrahistoria lo de antes con lo de ahora. Y es que La La Land no es tan enteramente optimista como aquellas películas, siempre abocadas a resoluciones fáciles y felices. Este es el primer gran acierto de Chazelle: en darle esa pose amarga y realista que se puede dar en cualquier drama de hoy pero sin perder de vista la vitalidad, buen rollo y ese carácter de ensoñación que aquellas películas transmitían. La película así resulta triste y melancólica a la vez que vivaracha y alegre, locuaz a la vez que bohemia.

Las dosis dramáticas tal vez sean el principal (y único) hándicap de la película pues mientras la primera parte está pletórica de glamour y carácter festivo la segunda resulta mucho más adusta y melodramática desapareciendo casi por completo los números musicales y centrándose en las vidas que siguen ambos personajes tras su separación con puntuales canciones de corte más melancólico.  Con ello se rompe el frenético ritmo llevado hasta ese momento hasta que un esplendoroso epílogo desde ya erigido en todo un clásico rescata a la película y la lleva a los altares del Olimpo cinematográfico convirtiéndola, por qué no decirlo, en ya todo un referente del cine actual y sí, también en un clásico.

Es, definitiva, un homenaje de principio a fin. Una sucesión de momentos fantásticos que pasarán a la historia del cine, y que rinden tributo al cine clásico y no tan clásico, a los musicales, al jazz, a los actores, a los músicos que no se quieren vender, a los soñadores… a la vida en general.

Influencias de La La Land (por Daniel Fernández Iniesta)


Para entender la génesis de esta película antes de nada tenemos que hacer una breve mención a los inicios artísticos de Damien Chazelle como baterista de jazz en la Princeton High School (allí conocería y en lo posterior formaría equipo cinematográfico con Justin Hurwitz  aunque sería este último quién finalmente se dedicase profesionalmente a la música). Su amor por esta disciplina musical sería la que le impulsaría a convertirla en protagonista fundamental de sus tres únicas películas y en uno de los motivos por los que se dedica al cine.

Antes de comenzar nuestra exposición cabe resaltar que la película, pese a transcurrir en la época actual, está deliberadamente fotografiada, decorada, vestida, musicada y, en definitiva, ambientada bajo una prisma retro que le da un acertado toque anacrónico que intuitivamente nos traslada a la época de las películas clásicas a las que Chazelle pretende rendir tributo.

Las múltiples y variadas referencias de La La Land a distintos musicales y películas de la época es uno de sus sellos de distinción aunque, en palabras del director,éste nunca quiso hacer un ejercicio de nostalgia o retrospectiva sino algo nuevo y fresco que jugase con los elementos de un género del que se ha declarado abiertamente entusiasta: “Lo que me hizo enamorarme de los musicales es que te agarran por sorpresa y te conmueven como las películas más realistas son incapaces de hacerlo”.

El director estadounidense siempre ha considerado al musical como un género revolucionario y  en cierta manera trasgresor que rompió muchas de las reglas establecidas poniendo repentinamente a los protagonistas de una historia a cantar y bailar. A ello le unió el intimismo de una historia romántica pero no con el fondo (y resolución) completamente optimista y positivo de las películas de antes sino añadiendo el sabor amargo a su mezcla y de ese experimento salió La La Land: “He querido combinar la ridiculez intrínseca del género, que hace que los personajes se pongan a bailar en medio de la autopista, con una historia de amor muy íntima que no tiene por qué acabar bien”.

Chazelle también quiso que su película se diferenciase del resto de musicales a los que hace referencia, especialmente los de Gene Kelly: “Busqué algo en lo que ’La La Land’ pudiera destacar sobre ellas. Si los números musicales de Gene Kelly incluían cuatro cortes de montaje, yo quise que los míos no tuvieran ninguno”.

*Declaraciones obtenidas de “El Periódico”  (entrevista de Nando Salvá)

Queda sí probado la fascinación del director por el género y no sólo eso, si no su gran conocimiento del cine clásico y capacidad para integrarlo en una película que, pese a esos contados guiños, se convierte en algo completamente nuevo y con vida propia.

Uno de los homenajes más palpables es el que hace a Rebel Without a Cause (Nicholas Ray, 1955). Una de las escenas más emblemáticas de esta película es la que transcurre al final en el famoso observatorio Griffith dónde Chazelle curiosamente rodó solo los exteriores ya que no le permitieron acceder al interior del famoso planetarium. En el citado lugar se da una de las escenas más icónicas del cine romántico clásico y es en ese lugar dónde el amor entre Mia y Sebastian alcanza su zénit romántico. Otra de las coincidencias es el hecho de que en una de la audiciones de Mia la trama a interpretar es exactamente igual a la a de la película de Ray y la chupa roja que lleva es muy similar que la que llevaba James Dean en esa película y que se convirtió en uno de los elementos icónicos de la película.

Casablanca (Michael Curtiz, 1942) también tiene su carga de protagonismo dentro de la película y no sólo por la omnipresencia de Ingrid Bergman a lo largo de la película a través de distintos carteles sino por un final que recuerda mucho a aquella: no sólo no hay una consumación de la relación entre ambos personajes sino que previamente el personaje de Ilsa (Bergman) se presenta cuatro años después en el club de Rick (Humphrey Bogart) después de verse por última vez, justo el mismo tiempo que transcurre hasta que Mia vuelva a ver a Sebastian tras un tiempo separados y, curiosamente, también en un club de jazz. En uno de los paseos de Mía y Sebastian por los estudios dónde ésta trabaja ella le enseña el balcón  desde el que se asoman los dos míticos actores para contemplar París en la película del 42 en otro claro guiño cinéfilo.

La famosa actriz sueca hará presencia de forma muy sucinta a lo largo de la película: en un póster en la habitación de Mía y en un cartel a la salida del hotel donde se aloja con su marido en el final de la película. La actriz sueca alcanzó el mayor de los reconocimientos a nivel profesional (incluidos tres oscars) pero nunca llegó a ser feliz a nivel personal. Parece como si el director nos quisiera hablar del futuro de Mia, que al fin ha alcanzado la fama, pero que añora la posibilidad de una vida que ya nunca será. La devoción y la admiración por Ingrid Bergman es llevada a tal extremo que la diseñadora de vestuario Mary Zophres basó muchas de las indumentarias de Mia en trajes de época llevados por la actriz (también de otras estrellas como Grace Kelly o Katherine Hepburn se basaron varios diseños). En este apartado cabe destacar también el traje que Mia lleva en su primera audición claramente inspirado en el de Judy Garland en A Star is Born (George Cukor, 1954) en el que es otro travieso guiño premonitorio de en que se convertirá nuestra joven protagonista.

Ya adentrándonos en el terreno de los musicales habrá uno que cope muchas escenas y se convierta en el más icónico dentro de la película. Singin´ In The Rain (Stanley Donen & Gene Kelly, 1952) tiene un claro protagonismo en la escena en la que Mia y Sebastian flirtean por primera vez buscando el coche de ella mientras anochece en Los Ángeles. La escena, una de las más hermosas de la película tiene como telón de fondo un anochecer, tal como ocurre en la película de Donen y Kelly pero ésta vez ese fondo de azules vespertinos forma parte del atrezo de un set de rodaje. También da la coincidencia que es la primera vez que los personajes de Gene Kelly y Debbie Reynolds coquetean de una forma más formal y la coreografía que posteriormente se marcarán es muy similar a la que Mia y Sebastian desarrollarán durante la citada escena. Y, por si ello fuera poco, la mítica escena de Gene Kelly contorneándose en una farola mientras canta la conocida canción de la película encuentra su sucedánea también en esa misma escena con Ryan Gosling.

Ahí no cesan las referencias pues la escena en la que los dos tortolitos pasean por los estudios mientras de fondo advertimos los ensayos de algunas películas tiene también su alter ego en el momento que los personajes de Kelly y Donald O´Connor van discutiendo por los set de rodaje de los estudios Monumental Pictures (ahí desarrolla buena parte de la trama de Singin´ In The Rain) mientras contemplamos de fondo, a modo de segunda pantalla, como los actores también ensayan las escenas de películas. La colorida coreografía del número final de la peli en la que un joven bailarín llega a Nueva York en busca de fortuna unido a los luminosos que adornan las calles de Broadway tienen sus referentes en el epílogo de La La Land y en la escena en la que las chicas se van de marcha, respectivamente.

Este epílogo del que hablamos estará plagado de múltiples referencias cinematográficas y entre las más populares se encuentran los de la película que a continuación nos ocupa. Chazelle rinde un sentido y fastuoso homenaje a An American in Paris (Vincente Minnelli, 1951) en un epílogo tan mágico, imaginativo y colorido como el de aquel.  Al igual que éste la escena en sí constituye la expresión de un sueño y al igual que aquel la música toma completo protagonismo junto a las animadas y dinámicas coreografías acompañadas de momentos más románticos e íntimos. La música también hará un barrido de los temas expuestos en la película y el fondo pictórico sobre el que transcurre la escena también será otra seña que la identifique con la película de Minnelli potenciando la sensación de ensoñación de ambos momentos.

West Side Story (Robert Wise& Jerome Robbins, 1961) será otro claro ejemplo de los que Chazelle tome algunos elementos prestados. El momento en que Tony (Richard Beymar) canta el tema María mientras lo vemos caminar de frente por la ciudad en una suerte de atardecer muy similar (colores violáceos muy pálidos) al que ubica a Ryan Gosling en el paseo de una playa mientras canta por primera vez el tema City of Stars. Más evidente es la escena en la que María (Natalie Wood) se prepara para su cita con Tony jugando con los tules que tiene a su alcance a la vez que canta y baila teniendo su sucedánea en La La Land en el instante en el que Mia y sus amigas también se preparan para salir de fiesta mientras coquetas y marchosas simulan vestirse con el mobiliario que tienen en la habitación a la vez que cantan el tema Somewhere in the Crowd. En esta misma escena también hay algunas reminiscencias a Grease (Randall Kleiser, 1978) en el momento en la que las chicas tontean y fantasean sobre sus citas a la vez que juegan con pelucas y cantan la canción Look At Me, I´m Sandra Dee.

Muy puntuales resultan las referencias a otras películas emblemáticas del género como Broadway Melody of 1940 (Norman Taurog, 1940) en la que los protagonistas bailan sobre un ficticio cielo estrellado en la escena del planetarium, algo muy similar a lo que ocurre en Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001) bajo la cuál intuimos Luhrmann se basó o incluso de Sleeping Beauty (Clyde Geronimi, 1959) en la que los enamorados protagonistas simula bailar sobre una nube. Habíamos comentado que la escena del paseo al caer la tarde en la que Mia y Sebastian se marcan un pizpireto y gracioso baile toma su referencia en la coreografía de Singin´ In The Rain pero, a su vez, los pasos que siguen son muy similares a los de la mítica The Band Wagon (Vincente Minnelli, 1955).

También la película Shall We Dance? (Mark Sandrich, 1937) encuentra su referente en el instante en el que ambos (en esa misma escena) con un juguetón movimientos de piernas y sentados en un banco están a punto de comenzar su baile. Bob Fosse, uno de los padres de los musicales modernos, no podría dejar de estar presente en una película que rinde tributo a éstos y una de sus obras más emblemáticas Sweet Charity (Bob Fosse, 1969) encuentras su pequeño guiño en el momento que las chicas ataviadas con vestidos cortos de distinto color salen en busca de alguien que se fije en ellas para contratarlas como actrices mientras contornean sus vestidos y se marcan una animada coreografía. En Funny Face (Stanley Donen, 1957) Audrey Hepburn sostiene unos globos de colores delante del Arco del Triunfo de París cosa que también hace Emma Stone en uno de los ensayos de sus películas.

Pero, aunque parezca paradójico, la influencia más determinante de La La Land viene del cine francés y, más concretamente, de uno de sus directores. En múltiples entrevistas Chazelle ha declarado a Jacques Demy como principal fuente de inspiración de su cine, de hecho durante los seis años que duró la escritura del guión de La La Land  se vieron continuamente en su casa las películas del director francés. El ya clásico número de arranque en la autopista toma sus referentes del también arranque de Les Demoiselles de Rochefort (Jacques Demy, 1967) pero es el propio núcleo de la historia narrado (y pautado) durante las cuatro estaciones del año la que toma denominación de origen del musical por excelencia del cine galo Les Parapluies de Cherbourg (Jacques Demy, 1964). Ésta es considerada por Chazelle cómo su película favorita y el impulsor definitivo de que La La Land se realizase.

Las similitudes no sólo se encuentran en la propia esencia romántica de la historia (un amor idílico destinado a una resolución no feliz)  sino en guarecer en su esencia el mismo cuerpo y alma del jazz siendo Michel Legrand(compositor de aquellas dos películas de Demy), por otro parte, el gran referente en el apartado musical. También el juego que se establece constantemente con coloresen movimientoes otra seña de identidad con la peli francesa. Una pequeña instantánea de este cine también la encontramos en Le Ballon Rouge (Albert Lamorisse, 1956) en la que por un momento vemos a un niño sostener un globo rojo en la escena del epílogo.

Pero la devoción de Chazelle va más allá de las propias referencias escénicas y la habitación de Mía se emborracha de póster de pelis clásicas entre los que se incluyen Lilies of the Field (Ralph Nelson, 1963), The Killers (Robert Siodmak, 1946) y The Black Cat (Albert S. Rogell, 1941). Todo un tributo, toda una carta de amor, en definitiva, al séptimo arte.

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