La Cordillera

Escrito por Rubén Franco, el 28 enero 2018 | Publicado en Análisis

Siempre es de agradecer cuando un thriller te remueve algo dentro, cuando te deja algo de poso, y La Cordillera es de ese tipo de agradables películas que inundan de un poco de aire fresco el rancio panorama cinematográfico del mundo del thriller (con excepciones como Déjame Salir del 2017).

La Cordillera (2017)
Compositor: Alberto Iglesias
Año: 2017
Lo mejor: El perfecto ajuste de la composición de Alberto Iglesias con las imágenes, destacando el clímax final y el momento de la hipnosis
Lo peor:No es nada que no hayamos visto/escuchado antes, pero el oficio y su estado de forma es formidableNUESTRA NOTA

Además, si le sumas a Ricardo Darín y Alberto Iglesias, el cocktail suma puntos para convertirse en una más que atractiva propuesta, resultando ser una de las películas más interesantes del pasado año.

La Cordillera – Viaje a la Psique del Político


Si en España nos preguntasen si hay buenos políticos, viendo lo que sale diariamente en la tele, uno no dudaría tan siquiera llamarles políticos; si eliminamos la acidez de mi anterior comentario, y nos planteamos la hipótesis de que se esconde detrás de un político de envergadura, hombre de estado, que toma decisiones vitales para su país, incluso para otros países que se ven afectados por sus decisiones, la respuesta puede ser francamente interesante (las miserias, las ambiciones, la familia, el partido,..).

La Cordillera es un thriller con profundas raíces psicológicas que tratan de explicar el comportamiento de un hombre aparentemente tranquilo y sencillo, el presidente argentino Hernán Blanco (un gran Ricardo Darín, para variar), que viaja a una cumbre de países latinoamericanos en Chile para crear una alianza de naciones que gestione el petróleo y demás intereses económicos afines, donde Brasil parece llevar la voz cantante, y México esconde una propuesta interesante de sus poderosos vecinos.

La película plantea o interacciona con dos niveles que se tocan durante el desarrollo, con el único fallo, por ponerle una tacha, que una vez medio resuelto o esbozado el problema o aspecto psicológico de forma sutil (dejando cabos sin atar y muchas dudas), lo echa a un lado y se centra en el otro aspecto emblemático, la cumbre en la Cordillera, donde Hernán podría ser la pieza clave, ese aparente hombre gris que igual no lo era tanto…

La trama psicológica tiene que ver con la turbia presencia de la hija del presidente, que aparentemente nos destapa problemas en su matrimonio (el yerno de Hernán, además, amenaza con destapar secretos). Un psicólogo ayudará a Hernán para intentar arrojar luz a los problemas de Marina Blanco (Dolores Fonzi) mediante la hipnosis, pero será solo la punta del iceberg; éste método comienza a destapar aspectos del pasado que comienzan a ser inquietantes, tanto para la hija como para el padre.

Éste maremágnum psicológico ayuda a perfilar la figura de Hernán Blanco, pero las negociaciones que se van configurando durante la cumbre (México, EE.UU….) también irán perfilando al presidente argentino. Ambos aspectos, el político (ambición) y el emocional (psicológico), se conjugarán para dar la OPORTUNIDAD de demostrar quien es quien, quien tiene realmente el poder, quien es la llave para las negociaciones y para responder a la pregunta que una periodista (Elena Anaya) le hace al presidente: ¨¿usted cree en el mal , presidente?”.

Quizás no sea necesario ver la película para saberlo (SÍ, CREO), pero la incertidumbre y acidez en la excelente mirada del ojo de Santiago Mirtre ayudan a construir una película incómoda a ratos, vibrante en otros (el clímax final o la reunión con el americano, Christian Slater, son escenas brillantes), cuyo mensaje final no deja de ser un reflejo de la vida política actual y, para que negarlo, de la historia de la humanidad (el fin justifica los medios, y la ambición ayuda).

Altamente recomendable y disfrutable.

Alberto Iglesias y su Cordillera de Emociones


La repercusión musical de un genio como Alberto Iglesias ha hecho que su obra transcienda de su país natal, y cruce mares, océanos, países y continentes. Hollywood sabe que Iglesias es un compositor especial, y sus The Constant Gardener (El Jardinero Fiel, 2005) o Tinker, Taylor, Soldier, Spy (El Topo, 2011), ambas nominadas al Oscar (justamente) son solo dos ejemplos de que su lenguaje musical es universal.

Es por ello, por citar esos dos trabajos concretamente, que La Cordillera se sitúa en esa línea, la del thriller, en éste caso político y psicológico (los dos trabajos basados en sendas obras del escritor John Le Carré tienen también ambos componentes).

Alberto Iglesias se maneja como pez en el agua, y en La Cordillera ofrece un recital compositivo donde tira de oficio con maestría, lo que le ha supuesto una nueva nominación a los Premios Goya (15 veces nominado, incluyendo La Cordillera, y diez veces ganador, casi nada).

La banda sonora, editada por el sello discográfico nacional Quartet Records (principal valedor de las últimas ediciones del compositor, o de Pascal Gaigne y Fernando Velázquez entre otros), se ofrece en cuatro suites, editado así para mejorar la experiencia en la audición, y de alguna manera, porque no decirlo también, facilitar la identificación musical del material con las situaciones y emociones que transcurren en La Cordillera.

A tal efecto, Iglesias compone un cuadro que se mueve por colores, incluso por emociones,tenemos el lienzo del hombre común y sencillo, un tema agradable y rítmico, lleno de matices y aristas incómodas que trascienden más allá de lo que aparentemente parece ser una figura gris y del montón.

Así pues, el primer corte, El Hombre Común, ofrece, tras la apertura de los punteos de la guitarra y percusión, un tema habitual en el compositor, agradable y rítmico, que transmite aparente tranquilidad. Clarinete, fagot, guitarra y pizzicatos de cuerda entre algún instrumento más, componen un tema interesante que Iglesias recuperará para la tercera y cuarta suite.

Ese tema podríamos decir, sin riesgo a equivocarnos, que es el tema central que el compositor asocia a la figura de Hernán Blanco y su papel en la cumbre de La Cordillera, mutándolo y variándolo según avanza la trama; al principio (El Hombre Común), es un tema interpretado de forma ligera y agradable, en su desarrollo (La Cumbre) adquiere matices más rítmicos y dinámicos, no dejando ser agradable, pero subiendo un peldaño en intensidad para el clímax final, intensidad que se agrava en la última suite (¿Usted Cree en el Mal, Presidente?), donde las cuerdas casi acuchillan, gritan, ponen voz a Hernán Blanco y su papel en la Cumbre, dejando clara la figura política del presidente argentino, a modo de end credits.

Tras el tema central, Iglesias nos brinda música de tono misterioso, como el motivo de piano y electrónica que arranca tras el tema central (maravilloso y sugerente), otra fase musical que nos recuerda a El Topo (brillante el piano, con las cuerdas y la electrónica acompañando) o la brillante parte musical, pasado el minuto diez, donde de nuevo los sintetizadores y el piano (sumando las cuerdas) construyen un corte francamente interesante y soberbio, de excelente intensidad y ritmo, acentuando el tono de thriller, que transmite cierta inquietud sobre quizás la no tan sencilla imagen del aparente hombre común que se dice es el presidente argentino.

Todas estas fases musicales posteriores al tema central vienen a reflejarnos la rutina en un día cualquiera de la vida del presidente, incluyendo la reunión de su gabinete de gobierno donde solo queda clara una cosa: lo único importante en la cumbre es la cumbre.

En la segunda suite, Hipnosis (en el tema de apertura de éste corteje nuevo recupera el tono musical parecido al material de El Topo de la suite uno), Alberto Iglesias se mete en la psique de nuestro presidente y su hija; este color del lienzo es más inquietante si cabe, donde Iglesias, un poco herrmaniano aquí (ecos de sus trabajos con Hitchcock), pero con su propio lenguaje musical, ofrece un brillante pasaje musical donde el piano, la electrónica (sintetizadores pad de ambiente, muy sugerentes) y demás elementos orquestales (flauta, cuerda, clarinete) dan vida a las escenas de la hipnosis y sus consecuencias (brillantes escenas donde se van perfilando detalles algo oscuros del pasado del presidente).

Musicalmente hablando, es una de las fases más redondas, que consigue transmitir a ratos cierta quietud, pero también zozobra y como un estado de hipnosis, casi de vértigo a veces, con tonos minimalistas a través de las cuerdas, la electrónica, el arpa, percusión y piano.

El momento en el que la hija del presidente narra todos sus recuerdos plasma magistralmente el material musical que se ofrece en ésta suite, cercano al minuto tres (fundamental la electrónica o incluso el arpa, que le dan ese toque o tono como de ensoñación o hipnótico, evocando recuerdos, casi flotando en la memoria del pasado, hurgando y buscando con ese ritmo constante de piano y arpa).

El corte tres, la suite La Cumbre, nos propone un lienzo rítmico y juguetón, recuperando el tema central de la primera suite, El Hombre Común, donde continua con es tono ligero, pero las cuerdas van envenenando el corte y dándole más intensidad y fuerza, conforme las negociaciones de la cumbre van tomando fuerza. Se correspondería con el clímax final de la película.

Iglesias también ofrece material de tensión, alimentando musicalmente el trasfondo de thriller político de la historia (Brasil, México, EE.UU.) y el papel oculto que Argentina puede acabar jugando en la cumbre de La Cordillera. Las cuerdas y la electrónica son aquí pieza fundamental, e Iglesias los distribuye en la película para dar color y profundidad a la trama, calándote hasta los huesos, como hiciera en El Topo o El Jardinero Fiel, mezclando tonalidad y atonalidad.

La última suite, ¿Usted Cree en el Mal Presidente?, recoge un fantástico tratamiento del tema central a modo de end credits, donde Iglesias ofrece su tema central, ya sin ese tono juguetón, mordiendo, incisivo, con las cuerdas con protagonista absoluto sobre fagot y clarinete, apremiando el ritmo.

Finalizado el tema central que cierra la película, Iglesias recupera material del corte Hipnosis, donde de nuevo la psique se esconde detrás del hombre político, estableciendo un nexo musical y cinematográfico entre todo, incluyendo material de tensión musical previo (muy acertado para la entrevista entre Hernán y la periodista).

Conclusión


A través de un tema central que va de lo aparentemente inocente y juguetón a un corte intenso y vibrante, Iglesias nos cambia con la música la imagen de Hernán Blanco, en el mismo ritmo y progresión que Santiago Mirtre (director) y Ricardo Darín (actor) consiguen lo mismo, yendo los tres en la misma dirección.

No es nada que no hayamos visto antes, cierto… no es nada que no hayamos oído antes, cierto también… pero es que está todo tan bien contado, interpretado y compuesto que da gusto encontrarse con películas, actores y, sobre todo, compositores, que consiguen sumar en el panorama cinematográfico actual, y conseguir que, años después, toda vía puedas recordar La Cordillera como una película francamente interesante, con trasfondo y mala leche, que encima nos regale un señor trabajo de Alberto Iglesias. Eso, en mi opinión, es cine.

A esperar la siguiente parada.

La Cordillera

01. El Hombre Común (15:43)
02. Hipnosis (14:56)
03. La Cumbre (09:15)
04. ¿Usted Cree en el Mal, Presidente? (12:29)

Duración total: 52:23 minutos
Compositor: Alberto Iglesias
Sello: Quartet Records
Formato: CD
Fecha de publicación: 29 de Septiembre 2017
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E.T.despertó una afición que terminó en pasión por Jarre, Schifrin, Grusin, Rózsa y sobre todo Goldsmith.